El desarrollo de la campaña para las elecciones europeas no debe desviar nuestra atención sobre un punto de vital importancia, el porcentaje de participación. Ese dato, que siempre ha sido representativo, pierde su protagonismo tras el recuento. Una verdadera lástima. Pecamos de sentimentales, nuestra valoración de la política y su ejercicio es alta y la decepción ante la actitud de nuestros representantes pareja.
Si la mayoría de los ciudadanos con derecho a voto no ejercen esa opción, se ofrece un mensaje claro, conciso y directo sobre los candidatos y las formaciones que representan. Todo lo que no sea una participación superior a dos tercios supone por ciento, debería provocar de inmediato la repetición del proceso, la renovación de los candidatos y muy especialmente su mensaje.
martes, 2 de junio de 2009
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