El triste suceso acaecido en Haití hace unos días, además de la imponente fuerza de la naturaleza, pone de manifiesto la limitada capacidad de reacción de las organizaciones gubernamentales. No basta con las intenciones, no son suficientes las declaraciones formales, se hace necesaria una reacción precisa y planificada.
En la actualidad, los gobiernos y sus instituciones, están sumergidas en una era de apariencia, imágenes, logotipos, titulares y notas de prensa, que desvían la atención de sus deberes y obligaciones. No somos pocos los que hemos criticado cada cumbre finalizada sin acuerdos, cada reunión sin provecho, cada negociación desperdiciada. El deber de nuestros gobiernos es el de ofrecer soluciones y sobre todo, llevarlas a cabo.
El desorden en el envió y gestión de las ayudas a Haití confirma nuestras sospechas y aporta solidez a nuestra denuncia. Debería existir un plan generalizado de acción contra catástrofes que pudieran suceder en cualquier parte del mundo y sobre todo en país subdesarrollados. Si un destacamento militar bien preparado puede tomar posiciones de forma casi inmediata en cualquier lugar del mundo, una acción o actividad humanitaria también.
miércoles, 20 de enero de 2010
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